Investigación “Periodismo partido al medio”

Conferencia de prensa sin prensa Scoccimarro-Monachesi_Clarín_20131101_0240_24Extracto del capítulo del libro La comunicación pública como espectáculo. Por Silvio Waisbord y Adriana Amado

La debilidad estructural del periodismo argentino lo puso en desventaja frente a gobiernos con apoyo popular y empresarios de medios que supieron anteponer el negocio a la profesión. Es un lugar común, repetido por igual por políticos y periodistas, que en los últimos años la sociedad debatió sobre los medios y la prensa como nunca antes y que esa discusión trajo cambios en la imagen de ambos. Sin embargo, no podría determinarse con certeza qué ha sido primero, si la sanción de una ley que redefinió las condiciones de propiedad de algunos medios impulsó el debate, o fue que la redefinición del lugar social que ocupan los medios informativos han sido circunstancias que propiciaron la discusión.

Al contextualizar el debate, no puede obviarse que la fragilidad estructural del periodismo argentino que fue aprovechada por igual por el poder político, porque se aflojaron los mecanismos sociales de control que brinda la información pública, y por los empresarios, que encontraron en la precarización laboral una variable de ajuste para la crisis del negocio. Lamentablemente no es sencillo identificar los cambios del periodismo en los últimos años porque no existen demasiados estudios que permitan conocer la evolución de las condiciones de trabajo a lo largo del tiempo que muestren un antes y un después. (…)

A las tensiones del vínculo de los gobiernos con la prensa en Argentina deben agregarse las transformaciones que la profesión está registrando en todo el mundo. El periodismo es uno de los principales afectados por la crisis del modelo de negocios de los medios y por el uso extendido de las tecnologías de la comunicación que horizontaliza el intercambio informativo. A ello debe agregarse la creciente profesionalización de las fuentes corporativas y de la sociedad civil que las convierte en convenientes proveedoras de contenidos para redacciones obligadas a responder a un ritmo continuo de información con menos plantas y recursos que en el pasado. Los límites imprecisos que el periodismo tiene con estos actores de un entorno en mutación lo vuelven aún más permeable a la influencia de propietarios y gobiernos, anunciantes y fuentes. Determinar con precisión cómo impactan estos actores se hace más difícil cuando el colectivo de periodistas no cuenta con un marco profesional que sirva de referencia y establezca límites con otras actividades frente a las que intenta definir una identidad propia. (…)

Que en los últimos años se haya hecho poco o nada para conocer mejor la situación del periodismo contradice ese lugar común, que repiten los mismos periodistas, de que la relación conflictiva entre el gobierno y la prensa ayudó a develar aspectos ocultos del periodismo. Antes bien, la discusión pública delata una confusión entre los roles de medios y periodistas,  en tanto que la polémica insiste en aludirlos indistintamente, si no es que supone una subordinación total del periodista a los poderes políticos o a la patronal. En cualquier caso, las circunstancias que impactan en la producción de información no pueden circunscribirse únicamente a la propiedad de los medios ni a los “discursos de la prensa hegemónica”, como definen los análisis de corte semiológico. La categoría “hegemónico” referida a los medios se suele hacer extensiva al periodista de una manera esencialista, replicando la premisa de enfoques estructuralistas y neomarxistas que asumen la simetría absoluta entre periodismo, medios e intereses. Ello sin contar que omite el hecho de que en Argentina la mayoría de los periodistas trabajan para varios medios a la vez o lo hacen en medios y en oficinas de prensa al mismo tiempo, donde comienza la cadena de producción de noticias especialmente con las fuentes sumamente activas como las oficinas de prensa gubernamentales. (…)

En contextos cerrados, cuando la profesión deja de intentar mantener su autonomía, el periodismo se expone a ser instrumento del poder y quedar preso del mejor postor. Muchas de estas limitaciones son el uso discriminatorio de la publicidad oficial y otras formas de censura financiera, pagos a los periodistas, negativa al acceso a las fuentes de información, asignación discrecional de licencias de medios, falta de conferencias de prensa abiertas y regulares, entre otros.  Estas circunstancias van moldeando prácticas que se terminan aceptando como normales tales como premiar a los medios que ofrecen una cobertura más favorable, aceptar los comunicados oficiales sin posibilidad de formular preguntas, difundir las imágenes producidas por las áreas de prensa sin indicar a las audiencias que se trata de material producido por la misma fuente.

Una crítica frecuente es que el periodismo no hace autocrítica, sin embargo no hay muchas profesiones que hayan aceptado un cuestionamiento tan intenso de otros actores sociales ni que hayan compartido las encuestas que hicieron entre sus pares con la sociedad como lo hizo el periodismo estos años. En cualquier caso, cabe preguntarse si la política está dispuesta a revisar su vínculo con la prensa ante la sociedad y hacer una autocrítica como la que reclama.

Extracto del capítulo 3 de La comunicación pública como espectáculo.
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